Entrevista

El fin del mundo de la comunicación tal y como lo conocemos

El problema de hablar del futuro es que ni siquiera se ha inventado un lenguaje que exprese lo que todavía no existe. Cuando a principios de los 90 la prensa generalista empezaba a hablar de internet, tampoco nadie sabía explicarlo muy bien. Se popularizaron metáforas tan obsoletas ya como “autopistas de la información” o “la aldea global del ciberespacio”. En 1994, cuando sólo había 35.000 puntos conectados a internet en España, la red era una tecnología desconocida y difícil de explicar. ¿Qué era eso de “navegar”?

Con blockchain pasa algo parecido. Nació como una tecnología para controlar las transacciones de bitcoin y ha pasado a convertirse en la nueva promesa de revolución tecnológica para todos los sectores. No solo está llegando a las finanzas, los seguros y la logística, sino también al mundo de la comunicación.

No es extraño que cuando los expertos definen blockchain como “un sistema descentralizado de transacciones de valor” cueste entender a qué se refieren. ¿Qué tiene esto que ver con el periodismo? Bueno, tampoco los taxistas apenas hace cinco años creían que internet podía afectar su modelo de negocio y ahora nadie duda que lo ha transformado para siempre. ¿Será eso cierto también para blockchain en la comunicación?

El concepto revolucionario de blockchain es que permite que un conjunto de actores que no confían entre sí puedan hacer transacciones de confianza, y sin ningún árbitro. ¿Y qué es un medio de comunicación sino un intermediario que avala la credibilidad de una historia?

Una startup llamada Civil está creando un mercado basado ​​en blockchain para el periodismo. El propio Nieman Lab, de la Universidad de Harvard, reconoce que todavía es confuso y demasiado prematuro saber si un proyecto así puede convertirse realmente en un modo viable de financiar el periodismo.

Pero blockchain es solo la punta del iceberg del nuevo mundo conectado y muchos de los cambios que se avecinan. La saturación de información (a menudo falsa) está generando un déficit de credibilidad que puede ayudar a los profesionales más reputados a incrementar su influencia de un modo inusitado. Y la vorágine tecnológica no ha hecho más que empezar a darle forma al fin del mundo de la comunicación tal y como lo conocemos. La inteligencia artificial está haciendo posible que un algoritmo automatice cualquier tarea rutinaria, y las redacciones y los gabinetes de comunicación están llenos de ellas. Los asistentes de voz, cada vez con un lenguaje más natural, también pueden afectar radicalmente el modo en que nos informamos, cada vez menos dependientes de una pantalla.

Todo esto es muy difícil de imaginar y más aún de ponerle nombre. Los grandes cambios siempre lo son. Pero en una época en la que la innovación avanza de un modo tan vertiginoso, es urgente empezar a hacerse todas estas preguntas. Como le dice la reina a Alicia cuando llega al País de las Maravillas, tenemos que creer en cosas imposibles más a menudo. Sólo así estaremos preparados cuando se hagan realidad.