Entrevista

Blockchain y periodismo: criptofuturo

La tecnología blockchain, que subyace al éxito de las criptomonedas como Bitcoin, ha sido bendecida como una de las que cambiarán el mundo en los próximos años. ¿A qué se debe? A su propia definición: libros contables distribuidos en los que cada eslabón de la cadena contiene el contenido de toda la cadena. Es una suerte de ADN de la información que garantiza los procesos entre partes y los legitima.

En algunos entornos, como la notaría, este tipo de tecnología va a tener un peso trascendente. Encajan como un guante. Y quizá aún más en todo lo que tiene que ver con el uso del dinero público. En lugares como Dubai se plantea que el blockchain pueda ser la garantía de que las transacciones de la administración queden perfectamente registradas y que sea imposible desviar ni un euro ante el peligro de que dicha desviación termine figurando en unos registros inamovibles y compartidos. Para 2020, el emirato quiere que todas las solicitudes de visado, pagos de facturas y renovaciones de licencias, 100 millones de documentos al año, dependan de blockchain.

En el mundo del periodismo también se están buscando aplicaciones. La pionera es Civil, el mercado de periodismo basado en criptomonedas que se conoció el verano pasado. Liderada por María Bustillos, que publicara la revista Popula utilizando la economía de tokens de Civil, es una nueva forma de entender el periodismo.

El sistema de Popula para pagar a los periodistas pasa por hacerlo de una manera que refleje los riesgos: cuanta más proporción de CVL (criptomoneda de la plataforma Civil) acepte un periodista, más será el valor total nominal de su recompensa. Ya no es que se vaya a pagar a los periodistas por pieza, es que se les va a pagar en billetes del Monopoly, con la ventaja que si el Monopoly tiene mucho éxito eso se puede convertir, potencialmente, en una cantidad indecente de dinero. Lo que puede parecer disparatado pero, en cierta forma, no es tan distinto a cobrar en acciones.

La economía de tokens está siendo muy popular en los últimos tiempos y ha permitido cosas como la revalorización de Kodak o la creación de fondos especializados para la inversión en startups relacionadas con bitcoin o que emiten sus propias ‘fichas’. Que nadie se ría, porque hasta ahora se han levantado bastante más de 3.000 millones de dólares en este tipo de aventuras.

Mi principal interés sobre el blockchain tiene más que ver con qué mecanismos tendremos los periodistas para acceder a las cadenas de información. En un mundo en el que las solicitudes de información a la Administración son complejas, aunque la ley empieza a estar de parte de los actores que buscan la transparencia, la idea de una especie de BOE mágico en cada eslabón es extrañamente atractiva. Pero hasta que no me enseñen herramientas para entrar en él, analizar la información, y distinguir el ruido y la paja de lo esencial, no podré hablar de transparencia. Porque no vale que algo sea “abierto”. Tienes que saber dónde está la puerta y que exista un pomo.

¿Periodismo y blockchain? Vamos a ver periodistas a los que se paga en criptomoneda analizando cadenas de datos de empresas e instituciones que utilizan estas tecnologías para mejorar sus procesos y garantizar que sean eficientes. Y vamos a informar. Mucho. De hecho, ya estamos informando. Del auge (¿y caída?) de las criptodivisas. De la fiebre del blockchain. De la red regulada Alastria.

Los medios vamos a ser divulgadores, prescriptores, usuarios, asesores y vigilantes del blockchain y de las criptomonedas. Por lo que estamos viendo, incluso fuente de propagación de códigos que convierten a nuestros usuarios en mineros. Ahora sólo tenemos que entender lo que suponen estos cambios y no fallar al público que aún se fía de lo que decimos.