La nueva transparencia: ontología de la blockchain

Hay tres tipos de tecnologías. Las tecnologías de descubrimiento, ligadas a la investigación pionera en un campo de la experiencia (un material, un sistema de comunicación…); las tecnologías de colonización, que son la extensión de las tecnologías de descubrimiento a la sociedad en su conjunto para su ingesta masiva; y las tecnologías de resistencia, que son el modo en que la tecnología se defiende de sí misma, particularmente cuando las tecnologías de colonización arrojan resultados perniciosos. Las tecnologías de descubrimiento son políticas. Las de colonización económicas. Las de resistencia, habitualmente (pero no siempre) sociales.

El caso paradigmático es el de la propia internet. Comenzó siendo un producto militar secreto (Arpanet). Se expandió tal como la conocemos hoy (Clearnet), sacudiendo la economía y provocando una nueva revolución. Y ha visto aparecer la resistencia a su control tentacular en forma de Dark Web. En niveles más precisos de zoom, también podemos identificar estos tres estadios en muchas tecnologías digitales. Sin embargo, la cuestión es más compleja porque la lógica que subyace a la evolución tecnológica es de tipo agónico: el sistema lucha para revertir a parámetros de inversión/beneficio lo que en principio podrían ser instrumentos abiertos para empoderar a la ciudadanía y promover prácticas de transparencia y control bottom-up.

La resistencia a la colonización tecnológica, aunque ello trascienda poco a los medios de masas, tiene que a menudo ver con conceptos filosóficos tales como transparencia, propiedad, ética o identidad. Es un hecho que las tecnologías digitales, especialmente las ligadas a la virtualidad, han colocado en terreno movedizo a la filosofía tradicional, obligándola a cuestionar supuestos ontológicos (qué es la realidad), epistemológicos (qué significa conocer) y antropológicos (cuál es el status actual del sujeto, se entienda este como ser metafísico o como entidad biológica).

Blockchain es la última tecnología llamada a sacudir el árbol de la filosofía de la tecnología y la ética de la información. La prestigiosa revista Metaphilosophy dedicó su número de octubre de 2017 a la filosofía de la blockchain. ¿Por qué? Por su promesa de devolver a la infoesfera (esa ‘capa electrónica’, en palabras de R. Z. Sheppard, en la que información y datos son el nuevo patrón-oro, como apunta L. Floridi) las credenciales de descentralización, transparencia y privacidad que la internet actual ha perdido, construyendo, además, un sistema cuasi-metafísico en el que todo quedaría anotado, enlazado (correlacionado) e individualizado por procesos de hashing criptográficamente perfectos y asegurado por gestores éticos (los ‘mineros’). Un mundo en el que lo real se define por lo transaccional (que, paradójicamente, garantiza su inmutabilidad), lo cognitivo por lo relacional y la identidad aparece ahora fragmentada y desmembrada reticularmente, satisfaciéndose así el criterio posmoderno que declaraba finiquitada la ‘era del hombre’.

No es este el lugar para explorar en profundidad tal maraña de conceptos y problematicidad filosófica. Solo indicaremos que blockchain, cuya ‘revolución’ aún está en ciernes, parece erigirse como una nueva tecnología de resistencia cuando internet ha arrojado la toalla de la neutralidad. Sin embargo, decimos ‘parece’, porque existen indicios de que tales credenciales, según la lógica señalada al principio, pueden estar siendo manipuladas para que lo descentralizado se recentralice y las autoridades reguladoras tomen de nuevo el control. Así, en blockchain la descentralización no es una necesidad sistémica, sino una contingencia (que depende de los desarrolladores de las plataformas) y la transparencia se relativiza por el hecho de que, en determinados modelos de blockchain ensayados por bancos e instituciones privadas, no todos los participantes pueden anotar transacciones y el control permanece en manos de los administradores, no de los usuarios.

Es pronto para emitir un veredicto. Debemos seguir de cerca la evolución de los diseños y las plataformas. Sin duda, blockchain va a requerir, como la robótica o la inteligencia artificial, una nueva mirada filosófica, y particularmente ética, puesto que, al fin y al cabo, en términos de impacto social es esta dimensión la que afecta a la vida cotidiana de las personas.